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ENTREVISTA REALIZADA POR EL SR CARLOS COGORNO AL SR OSCAR ASPILLAGA
Por: CARLOS COGORNO

 

Oscar Aspíllaga Guislain
Lurín, 16 de Enero de 1993
 
 
Antes que nada, deseo referirme a que los antecedentes familiares como aficionado a los gallos se remontan a la época de mi Abuelo, llamado Víctor Aspíllaga Negrete. Mi abuelo, era Gerente General de la Hacienda Cayaltí y en esa época, tenía gallos de navaja. Mi Abuelo jugaba gallos prácticamente a principios del Siglo XX en el año 1905 – 1904, aproximadamente y la persona que me enseñó la afición, era un antiguo empleado de la casa, que empezó desde que era muy chico en la Hacienda y entró a trabajar como ayudante en la gallera. El era Antonio Fuentes y Cortés, mas conocido en el ámbito gallístico, como “Zarumilla”. Él estuvo con mi Abuelo, prácticamente unos 20 años. Mi abuelo falleció en el año 29 y tuvo Zarumilla la ocasión de poder estar con él en todo lo que eran los avatares de los gallos de navaja, en la época del cura Pita y de todos esos personajes que ya son familiares. Zarumilla, era ayudante en la gallera de navaja. Cuando empezó a tener más edad, fue ascendido atener prácticamente el control y la guardianía de la gallera, como el antiguo preparador de mi Abuelo, más o menos pues como tenía una edad avanzada, lo cual no le permitía cierta agilidad y cierto movimiento. Zarumilla estaba prácticamente tomando la posta. Empezó a tener más de conocimientos y un poquito más de don de mando. Prácticamente, manejaba todo lo que era la situación de la gallera. Le fue insinuando a mi abuelo, de que los gallos de navaja era una afición en que los hacendados y la gente que tenía una posición más alta, estaba en ventaja frente a todos los empleados y la gente que trabajaba en la hacienda. Y le dijo que porqué no trataba de probar lo que era la afición de pico. Mi abuelo por supuesto al principio, no le simpatizó mucho la idea, por la duración que tenían las peleas de gallos. Hasta que un buen día se animó y se armó un segundo galpón y ahí fue cuando Zarumilla fue hombre amo y señor de la gallera. Lo acompañó a mi Abuelo muchos años, hasta más o menos el año 1927, en que mi Abuelo estaba muy enfermo, falleciendo en el año 1929 y se vino para Lima. Zarumilla permaneció en la familia con mi Abuela, él crió a mi Padre, a mis tíos y permaneció en la familia a tal punto que nunca se casó y siempre fue la persona que manejaba, todo lo relacionado con la casa. Cuando yo nací, he ido a la casa de mi Abuela que tenía en la Av. Arequipa. Zarumilla tenía todos los gallos en la terraza. Nosotros somos una familia numerosa y de toda la familia, al único que verdaderamente le gustaban los animales y en especial los gallos, fue a mí, que fui desarrollando esta afición. Esta afición la llevé en una forma tan intensa que prácticamente vivía en el galpón. Empecé a darme cuenta de la afición, más o menos desde los 7 años. A la edad de 7 años, por lo mismo que veía a Zarumilla todos los días que subía a ver sus gallos, y los de sus amigos, pues él era un gran preparador de gallos y los tenía en la casa de la Av. Arequipa en la Cdra. 38. Entonces al irme aficionando, Zarumilla al principio, no me soltaba rienda y en mi casa tampoco no estaban muy ilusionados con esta idea. Por suerte, que tenía una casa no muy aparente como para tener una determinada cantidad de gallos, inclusive tenía la facilidad de poder ver los animales en casa de mi Abuelo. Llegó a tal punto mi desesperación por querer romper el cascarón y empezar en la afición, que cuando tuve oportunidad, con mis propinas empecé comprándome unos pollos moros en la plaza. Esos pollos Moros que como sabemos son animales chuscos, que hacen cara e inclusive son muy veloces, muy pateadores y a diferencia del gallo que en esa época se jugaba era un gallo oriental, lerdo y lento. En comparación, el moro criollo era un gallo que de pollo, por lo general sorprendía a los gallos finos. Entonces fue así cómo poco a poco, tenía uno o dos pollos moros y como gracia, los iba a topar con los de Zarumilla que no me quería dar ningún animal fino, ni en mi casa tampoco lo aceptaban. Fue entonces que fui avanzando, hasta adquirir más conocimientos. Veía cómo descrestaba, cómo curaba y yo hacía lo propio, con los moros en mi casa. Fue pasando el tiempo y llegó el día en que prácticamente quería tener animales finos más o menos en el año 1958 – 1959. En esa época, Zarumilla se animó a regalarme un par de pollos y los topábamos, los crié y salieron regulares y todos los jugamos y uno ganó y uno empató. Fue pasando el tiempo y quería tener otro tipo de animales que no necesariamente fueran de la casa. Entonces, luego de insistir tanto y hablar con mi Madre que hasta cierto punto era mi aliada en este caso, al obtener buenos calificativos en el colegio, me preguntó que cosa era lo que yo quería y le comenté “comprarme un buen gallo”. Me dijo: “bueno, vamos, te te acompaño, para ver que cosa es lo que quieres comprar”. En esa época, había un señor Tirado, que tenía sus gallos en la avenida costanera, lo había visto en la cancha, que había frecuentando la con Zarumilla. Ibamos a la cancha de Piñonate que era la cancha más concurrida en esa época. Y ahí conocí a este señor Tirado que se ofreció a recibirme, además que le ví jugar buenos gallos y fue ahí que compré un Calcuto; un gallo cruzado, al cual le puse como nombre “Celestino”, porque tenía ojos verdes, casi celestes. Un gallo muy bonito, medio cuadrado típico Calcuto. Lo traje a la casa. En esa época, pagué S/.150 soles en el año 1959. Fue entonces que Zarumilla junto con sus amigos Benjamín Curoto que era carpintero, el cual también fue mi gran Maestro, con quien pasaba largas horas conversado de gallos en su carpintería, que quedaba en el Bosque del Olivar, fui aprendiendo cada vez más y más y más; entonces el gallo tuvo que ir a parar a manos de un preparador verdaderamente calificado y Zarumilla decidió que ese gallo, lo debía preparar Curoto. Lo preparó y lo jugamos. En realidad, la preparación de Curoto, era supervisada por Zarumilla, porque decía que no tenía más espacio, para tener un gallo más en su casa. Pienso que sólo era una cabula. El gallo lo preparó Curoto y lo jugamos por primera vez en la cancha de Piñonate. Por coincidencia, me tocó jugar con el señor Benavente, padre de Jorge Benavente, el actual Juez y se hizo una gran pelea contra un gallo tuerto, un gallo que tenía cuatro peleas. En esa época se jugaba a espuela natural, 45 minutos y ganamos. Luego este mismo gallo, tuvo como dos o tres peleas más y ganó. Ahí fueron los inicios. A partir de ello, le saqué camada con unas gallinas de Zarumilla, Algunos salieron regulares y otros más o menos. Fue entonces que prosiguió mi afición hasta el punto tal que hasta el día de hoy no he dejado de criar, pese que he estado en USA y no estuve criando, pues no tenía la facilidad de tener los animales, pero me daba maña para poder asistir a una que otra pelea. En Lima en esa época, (la cancha grande fue posterior), habían varios coliseos. En el Callao, había un coliseo. Estaba el coliseo de Piñonate y luego habían otros coliseos que estaban en las zonas límites de Lima, cuyos nombres no recuerdo, pero sí recuerdo haber ido, con Zarumilla que me llevaba. Eran dos o tres coliseos, más que nada donde la gente iba. No recuerdo exactamente cuales eran, pero recuerdo al de Piñonate, en el Callao y la cancha grande. Eran de ruedo de tablones de madera, con capacidad para 100 o 200 personas, más o menos. Eran los inicios. Lo que sí había era bastante afición en esa época. Inclusive, había una afición hasta cierto punto distinta a la de ahora, en cuanto al estilo, cómo la gente iba vestida de otra manera, y las peleas por lo general eran los Domingos. La gente iba con cuello y corbata y los menores siempre estaban en las filas de atrás, siempre dispuestos a poder atender cualquier pedido de los señores que estaban sentados y los que careaban los gallos, los que marraban, los que presentaban. En esa época embonaban las espuelas postizas para aquellos gallos que no tenían espuelas o espuelas rotas, o no tenían el tamaño apropiado. Era gente de peso, la gente mayor y recuerdo en que en una de estas reuniones de gallos, parece verdaderamente una reunión de galleros, viendo las caras y la seriedad de la gente, que ha cambiado la afición a como es ahora. El gallo que más gratos recuerdos me ha dejado, quizás sea este gallo Celestino el Calcuto, que fue el primero, por la sencilla razón que con él rompí el cascarón y fue un gallo extraordinario, muy bueno, que se hizo cuatro peleas magníficas, pero desgraciadamente después al gallo le entró lo que se le decía la peste y murió. Le dio una New Castle. Según Zarumilla dijo que alguien lo ojeó pues una tarde lo vio medio triste y no lo reconoció al gallo y luego murió pues seguramente ya estaba en proceso la enfermedad y luego también tuve un gallo pinto que tenía un cruce de español con gallo nacional que verdaderamente nunca le tocaron la cabeza. Tuvo cinco peleas. A la hora que lo soltaban a pelar, el gallo bajaba la cabeza y pelaba como pavo o como pato. Nunca le tocaron la cabeza. Una sola vez le rasparon la corona y el gallo mataba muy rápido. A ese gallo, le saqué camadas y nunca le salió un gallo bueno. Era el típico gallo de juego. En el concepto, yo creo que ahora se le esta dando un poco más énfasis a la gallina, es por ello, que antes con frecuencia un gallo bueno no transmitía descendencia de la misma calidad como ahora. Es muy posible que ahora seleccionando mejor a la gallina, el gallo bueno tiene más probabilidades de transmitir descendencia de la misma calidad. Indiscutiblemente, un gallo bueno, con una buena madre, debe botar animales promedio para arriba. Ahora, un gallo bueno que se le cruce con cualquier gallina que sea una gallina probada de familia sabiendo qué razas contiene y ver el estilo de pelea, porque un gallo bueno para las armas que estamos jugando ahora, posiblemente no lo sea para las armas que jugaban antes, pues no eran tan ofensivas. Antes un gallo bueno, era aquel que tenía un poco mas de juego, un poco más de defensa y un poco más de aguante y remate al final. Un gallo de antaño, para tener varias peleas, debía ser mucho mejor que los actuales es decir se debían ser más exigentes. Lo que pasa es que los gallos de antes, no tenían la velocidad que tiene el gallo ahora, mas sí el aguante; eran gallos muy contundentes, pero no eran muy repetidores en la patada. Eran gallos que pateaban y se acuñaban, pateaban y se acuñaban. Eran gallos que aunque ellos no supieran lo que se estaba criando, programados para aguantar 45, 50 minutos o una hora, como se jugaba en aquella época. Entonces  no era adecuado un gallo demasiado veloz, que al final terminaba entregándose o que no tenía la guardia arriba. El gallo japonés de antes, es distinto al gallo japonés que se está jugando ahora. El de antes, era un esgrimista del pescuezo. Osea, prácticamente se trenzaban con el pescuezo y apenas uno se abría, el gallo pateaba. Pero difícilmente se encontraba el cruce de japoneses que hay ahora, que son animales que jalan y jalan del lomo, patean. Diría que en los gallos de antes, la mayor proporción en el cruce, tenían de Asil en la gran mayoría y japonés había mucho. Prácticamente, era Asil y japonés. Alguno, metía líneas españolas, aunque eran gallos que si no definían rápido, al final terminaban entregándose; perdían por descordados, o corridos. Si su buena proporción de sangre oriental, les permitía no abrirse, no rehusar la pelea, terminaban descordados, por la sencilla razón de que la misma estructura del pescuezo, no le permitía aguantar esos varazos o puntazos que podía recibir un gallo que tenía un cuello de Asil mucho más grueso. Nosotros sabemos que la capacidad de recuperación del gallo, es asombrosa. En esa época por lo mismo que las espuelas no eran tan agudas, pues eran cacho natural de gallo, muy poco se usaba el cacho muy tratado; eran de un diámetro mucho mayor al diámetro que están utilizando en las espuelas ahora. Era un cacho natural, entonces los tiros no eran profundos; es por ello, que en las heridas del cuerpo, no se veían tacos tan profundos que se encuentran ahora. No comprometían órganos tan vitales. El gallo tenía que patear muy duro y el otro tenía que entregarse y por lo general no se entregaban; además, sus carnes eran distintas. Eran animales de carnes muy duras; eran animales más golpeables. Aguantaba mucho y no se utilizaban los antibióticos que se utilizan ahora, ni toda esa medicina que hay ahora, por eso que el gallo que peleaba, luego su recuperación era más larga que la de ahora. Hoy en día existen antibióticos y corticoides, que permiten que el gallo se pueda levantar rápidamente. La convalecencia era más larga. Más o menos un gallo después de una pelea de 50 minutos quedaba tan golpeado, que prácticamente lo mantenían a oscuras y bañado en manteca, con algo de azufre, para que no lo vayan a contagiar otros, enfermedades como tiña o viruela. Y muy especialmente se le lavaban los ojos, con bórico o lo que era más común de todo, que apenas el gallo terminaba de jugar, de frente iban al baño y al gallo lo orinaban. Y según Zarumilla, los mejores orines, eran los que se guardaban en unas latas, que son orines de tres o cuatro días, cuando llegaba a la casa. Posiblemente, por su alto contenido de amoniaco, permitía esta recuperación. Y luego, a los ojos, se les daba un tratamiento muy especial. En aquella época, se creía mucho en las lágrimas de plátano que verdaderamente tenía según decían, propiedades para la curación de las nubes y la recuperación del ojo. Luego también se utilizaba mucho la leche materna, el calostro, para la recuperación de la vista, que era una fórmula que venía desde el Oriente, de la India; pues la leche materna, era uno de los mejores desinflamantes y era agente de curación para los ojos y para los golpes e infecciones. Para la viruela, antes que nada, al gallo se le ponía a oscuras, con una ventilación mediana, algunos le quemaban cada verruga. Se curaba con varitas de romero, se le ponía su puntito de yodo; se les daba por lo general en esa época, calmantes; Aspirinas o Mejorales al gallo y se le daba un ungüento con verduras y plátano. Pan con leche, y alimentos de fácil digestión frente a la enfermedad o convalecencia después de las peleas y más que nada lo que se evitaba, es que el animal estuviera muy sofocado o tuviera mucha ventilación, pero a oscuras y siempre se le vigilaba para que la viruela no le vaya al ojo. Otros curaban con el betún, tanto la viruela, como otras enfermedades. Pero, recuerdo que los gallos con viruela, los embetunaba íntegros en especial la cabeza. Se ponía una capa de betún bien gruesa. Inclusive, en algunos casos, se le pinceleaba betún y se le echaba un poco más de bencina que los ayudaba contra la viruela. Para tratar después de la descrestada, simplemente se le lavaba bien y si sangraba mucho, pues se le ponía una pluma o un poco de telaraña. Pero la recuperación después de una descrestada y una desbarbada, y una desorejada como se dice, es que coman sus crestas y sus barbas y simplemente se les lavaba, con agua y un poco de alcohol diluido y ahí terminaba el asunto. Contra algunas infecciones, se les ponía puntitos de yodo o violeta genciana, según como fuese. Y básicamente esa era la curación que era medicina folklórica. Se utilizaba mucho el azufre y el limón, como cicatrizante, como para limpieza del guargüero, de toda las vías respiratorias, se le soplaba limón. La frotación era todo un proceso. Por lo general la frotación se prepara cuando empieza la muda. Es la que se va a utilizar durante la temporada de peleas. Más o menos en Diciembre. Y cada uno tiene su fórmula. En nuestro caso, la fórmula de Zarumilla era en base al verdadero ron de quemar; como el Ronol que venden ahora. Y uno de los componentes que estaban más presentes en la frotación, era el romero. A eso, se le ponía tabaco, ajo, kion, boldo, algunas hojas de coca, también ruda, en regular cantidad. También las cáscaras de los limones exprimidos que dejaban secar al sol y una vez que estaban bien secos, los metían dentro de la frotación. En esa época había la frotación Charcot, que funcionaba magníficamente bien. Aveces, le metían un poco de Arnica pura cuando era buena. Básicamente, era eso. En otros lugares, se utilizaba las flores de la retama, como en Arequipa que se utilizaba mucho. La crianza y juego de gallos, es una afición, es algo que te acompaña en tus momentos de esparcimiento y que a la vez obliga a perfeccionar lo que estas haciendo. Primero y antes que nada, es algo que siempre me ha fascinado; me encanta el animal en sí y la naturaleza del animal. Lógicamente una afición como esta, no solamente toma mucho tiempo y dedicación sino a la vez también implica una dedicación quizás más profunda por el constante afán de superación que quiere tener en esto. La afición me ha ayudado en el sentido de que cuando uno está más en contacto con la naturaleza, a veces observándola a través de los gallos, uno siente un complemento a la vida que lo hace conocer ciertas facetas que para otros son completamente desconocidas. Empiezas a tomarle un cariño especial al animal; un cariño especial a la afición, y muchas veces en momentos en los cuales puedes tener contratiempos en la vida, desgracias, siempre uno encuentra un apoyo, un desfogue. Es muy posible que esta afición también permita conocer otras personas que de no tener esta afición, no las conocería nunca. Personas que tienen otros credos, otras costumbres. Uno empieza a cambiar ideas y se da cuenta que no es solamente lo que uno lee. Lo que aprendemos y lo que uno escucha, con la gente que lo rodea no necesariamente es lo único y lo verdadero. Ahí es cuando empiezas a darse cuenta de la relatividad de las cosas; de la forma en que las cosas se relacionan unas a otras y de la forma en que permanentemente te das cuenta, de que no has culminado ni ha llegado a una meta. Porque llegando a una meta, ves que hay una meta más adelante y son escalones y peldaños en los que vas avanzando y que no has llegando a completar. El ruedo es parte de algunas satisfacciones y frustraciones también, pues nadie puede decir en esta vida que todo han sido satisfacciones. El ruedo lo que le da a uno es un mundo muy amplio; es la oportunidad para poder no solamente alternar, sino competir con otras personas de la misma afición y poder inclusive aunque pese al hermetismo que existe en esta afición, adquirir ciertos secretos y ciertos detalles de la misma. Poder compartir ciertos conocimientos y también se presentan ocasiones en las cuales, uno puede pasar un momento de esparcimiento que compensan el trabajo diario y la rutina diaria y muchas veces las actividades propias del hogar y el trabajo. En esta afición, existen como dije, toda clase de personas de distintos credos. En la cancha se resumen distintos tipos de personas y hay un común denominador que es la afición por los gallos. En ese común denominador, es que el 90% de las ocasiones y circunstancias en las que uno departe con los aficionados, gira en torno al tema de los gallos de la crianza, de la preparación, de tal o cual performance que haya tenido uno u otro; cuales razas son las que están en boga, las armas, la preparación, la alimentación, la sanidad. Muchas veces, estas personas cuando las encuentras en la calle, puedes difícilmente esquivar el tema de los gallos; porque te encuentras con un gallero en la calle y necesitas tratar algún tema de negocios, una pequeña porción de la conversación y del trato de negocios, será el negocio, pero terminara hablando sobre el tema de los gallos. Esto vendría a ser como una logia. Inclusive, cuando una persona está en el ambiente gallístico se encuentra con otra persona y en algún momento puedes notar tenderle la mano y ayudarlo, estoy seguro que esa persona, tiene más intención de ayudar y tenderle la mano a quien cultiva la misma afición, que a una persona que no la cultiva. Hasta cierto punto, corrige determinada actitud de una persona a través de la afición. El tema de las armas, debería ser el punto fuerte de todos los aficionados, porque ahora para los animales, se está utilizando un tipo de arma más sofisticada, mucho más letales que antes en la afición de pico y no tener las armas adecuadas, indica dar una considerable ventaja al adversario. Me parece que uno debe tratar de conseguir el mejor material, en este caso la mejor espina de pez, que está probado que es lo mejor además de su peso adecuado y poderlas poner en las patas al animal en su punto correcto. Un arma de un material que no sea el ideal, y que no esté puesto en su punto correcto, fácilmente puede voltearle la pelea al mejor gallo. Las armas que se están utilizando ahora, son armas que en el fondo son caras pues son escasas. Llegará un momento que se convierta en uso de una elite, para un grupo de personas que verdaderamente disponen de la provisión para poder tener las mejores armas; es por esto que a veces, hay mucha diferencia entre unos aficionados y otros. Es por eso, que a veces muchos no desean enfrentarse con otros; no tanto por el tipo de animal, sino también por el tipo de armas con las que cuentan. Estoy de acuerdo que el gallo de espuela, debe utilizar el arma redonda, o sea el verduguillo. En cuanto al material, pienso que se podría hacer algo más homogéneo, y más barato y utilizar un material que sea mucho más barato, como por ejemplo, puede ser el aluminio; porque yo pienso que la espina de pez, puede ser tan ofensiva como el aluminio o más. Inclusive, trae una serie de consecuencias en cuanto a infecciones y otra es que no tiene un material noble como podría ser el aluminio y sería mucho más barato. La gallina, tiene una importancia fundamental, porque la gallina es la piedra angular de la cría. La cualidad de mayor importancia que debe tener el gallo, es la bravura. Uno tiene que tener en su línea, bravura. Animales valientes, que tengan una permanencia en la cancha, a toda prueba. El estilo de pelea, el acierto, el tamaño, y todo ello, se puede ir mejorando. No se saca nada teniendo otras cualidades como por ejemplo el acierto, tamaño, o un estilo que pelea determinado, si no tiene en la sangre una corriente de animales que tengan bravura a toda prueba. Por orden de importancia, los defectos que se deben eliminar, lo primero que eliminaría la debilidad y todas las enfermedades congénitas que puedan tener una familia. Otra de las cosas que trataría de eliminar, sería una estructura que no sea la adecuada para el tipo de pelea y arma que se está utilizando. Eliminaría en la parte sanitaria la propensión a las enfermedades que traen como consecuencia los defectos físicos, animales que tienen determinados defectos físicos no convenientes. Siempre se ha hablado que la base del alimento del gallo de pelea, debe ser el maíz, pero actualmente con todos los estudios y la importancia que hay en cuanto a la alimentación de los animales, parece importante que animales en cautiverio, deban tener un balance adecuado en alimentación. El maíz proporciona gran cantidad de energía, pero no todos los nutrientes. Los animales, deben comer básicamente granos, verduras, alfalfa, lechuga, hojas verdes, no así col que son de difícil digestión, tomate, cebolla, zanahoria, ajo. La alfalfa es importantísima; el maíz también, luego los granos el trigo y actualmente estoy utilizando granza, que tú me estás proporcionando, que tiene gran variedad de granos y que verdaderamente estoy notando en los animales un cambio tremendo, porque no crían tanta grasa. Entonces están sanos y alertas y para el momento de la preparación es mucho más breve el tiempo. A parte también se les debe dar proteínas. Algo de carne sancochada, algunas vísceras sancochadas, antes había la creencia que si se les daba pescado sancochado, los gallos se amoquillaban; eso no es necesariamente cierto. Yo he visto muchas peleas que me han impresionado. Me parece que la impresión que uno tiene al ver una pela, depende también en qué momento de su afición se encuentra. Muchas veces cuando uno recién empieza, es muy impresionable; pero cuando vas adquiriendo cierta experiencia, pocas cosas lo impresionan a uno. He visto muchas grandes peleas que me han impresionado, en distintos estilos; aunque lo que más me impresiona en un gallo, es que entre a pelear con un estilo de juego, que se encuentre con un adversario que tiene también un estilo de juego magnífico, que se encuentren ambos buenos gallos y que el animal por algún recurso, ya sea por el manejo que haya tenido, por la preparación que haya tenido, no tanto el estado físico, sino, a veces sale del cruce o de la crianza, el tino del dueño para cotejarlo, de que el gallo pueda remontar una pelea, y efectivamente, emplear las espuelas. Me gusta mucho el gallo que tiene buen estilo de pelea, y que cada vez que arremete y que patee, hiera seriamente; con estas cualidades, considero que un gallo no debería bajo ningún motivo durar su pelea, más de cinco minutos, con estas espuelas que estamos empleando. Si se encuentran dos gallos que se están hiriendo y por algún motivo el animal no puede terminar de herir, debe buscarse un animal que tenga final y si por algún motivo tiene un tiro en la pierna, en la cadera, el ala rota, el animal debe tener el recurso para poder aunque sea dilatar la pelea y hasta cierto punto empatarla. Lo que me gusta, es un buen combate, en el cual ambos se hieran y si hubiera alguno que está en desventaja pueda darse maña, para poder equiparar la pelea. He visto animales muy ofensivos, te los he visto a ti, se los he visto a Lalo Granda, se lo he visto a Chale, se los he visto a muchos aficionados, muy buenos animales. Zarumilla en la época en que nosotros jugábamos, en que habían gallos que jugaban con espuela natural y a los 5`,7`u 8 minutos, los gallos mataban y ganaban. En esa época la coteja era mucho más minuciosa que ahora. Ahí jugaban pollo a pollo, gallo a gallo, e inclusive hasta la pluma. Inclusive el cruce; pues habían gallos que eran perfectas cotejas y simplemente, al aficionado no le gustaba, simplemente por la mirada del otro gallo, o en último caso, buscaba cualquier motivo y no la hacía. En esa época, se jugaban los gallos muy bien cotejados; ahora, también se hace así, pero, uno encuentra aveces animales distintos; a veces juegan un gallo más fuerte, con un gallo más frágil. Ahora el cruce es más variado. Ahora, tenemos infusión de sangres que en realidad no son animales muy parejos. Hay aficionados que tienen y crían animales parejos; unos más o menos fuertes, otros livianos, otros de distintas razas o líneas, pero son algunos. Por lo general, el promedio del gallero ahora, saca animales que tienen varios cruces y juegan más que nada al tamaño y al peso. Las peleas de antes eran mucho más parejas. El gallo oriental es más lento en su desarrollo; llega a su adultez, más tarde que el gallo bamkivoide. Es por ello, que los animales debían tener una buena preparación. Podían jugar de pollo a pollo, hasta gallos de un año, con sus propios pitones chicos o se les ponían los cachos postizos. Pero por lo general, los animales que se jugaban, eran animales que se acercaban al año y medio o en adelante. Y las mejores peleas, eran de gallos de dos años, dos años y medio, con espuela natural. Las espuelas naturales, difícilmente se rompían en pelea aunque sí se despuntaban. Y si se le rompían en la jaba, era toda una tragedia, pero se les ponía cacho postizo para la pelea. El cacho postizo, era una espuela de gallo, que se le hacía una base que se le amarraba a la pata. Había algunos muchachos, que hasta utilizaban la punta del chisguete de Kolynos. Cortaban y sacaban el tornillito y con el plomo lo metían en la pata y ahí metían la espuela y lo calzaban. Pero más que nada, era espuela de gallo. Cuando se les rompía al ras y quedaba completamente catemo, era una cosa más trágica. Pero cuando se rompía el cacho y le quedaba el alma, o el hueso, ahí fácilmente se le ponía su espuela postiza. Es más, ya los gallos iban a la cancha con la espuela postiza puesta; iban desde el galpón. Y se transportaban en costalillos; no se usaban caponeras. Y la mayoría eran gallos orientales, altos, huesudos, y no muy descrestados. La mayoría de los gallos, eran de 5:10 lbs arriba. Cinco libras, a veces y gallos más chicos, no se veían. Y las peleas de gallos de 6:10lbs, estaban a la orden del día. Habían peleas de gallos de 7lbs; gallos grandes, japoneses. Los gallos iban bien secos y la preparación era muy fuerte. El oriental como el Asil, no tienen una muda pareja. El oriental es un animal que muda durante todo el año. Algunos tipos de orientales, se ponen como decía Zarumilla, “como unos choclos” y prácticamente, estaban calatos, llenos de cañones. El timbero es un hombre que vive a salto de mata y está prácticamente embebido en lo que es ganar o perder; es por eso que el timbero, muchas veces lleva un recuento de las peleas; conoce los animales y trata mucho con los dueños de los animales; más que los aficionados normales. El timbero es una persona que está al día. Conoce los gallos que han jugado, mas que el promedio de concurrentes. Frecuentan indistintamente varias canchas; están desde temprano y son los últimos que salen, salvo que los dejen pelados y salgan por la puerta falsa. Pero por lo general, están hasta las últimas consecuencias. Es un hombre que no gasta en un plato de comida, porque ese dinero le servirá para apostar y tener una reserva. Conoce mucho de tal gallo, de cual gallo. Hace muchas preguntas y siempre está presente y viendo cómo arman los gallos y todo es para él de vital importancia si gana o pierde, lo que no es para una persona que no es apostador, pues no se dedica a eso. El timbero no quiere dar ventaja en lo más mínimo y está pendiente de las personas que no están tan alertas como él y de pescar al vuelo a uno que otro y siempre tener la posibilidad de cubrirse, para estar jugando siempre arriba y abajo.


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